por Derek Thomas

De manera simple, el principio regulativo de adoración manifiesta que la adoración corporativa de Dios debe estar fundada sobre direcciones específicas de las Escrituras. En la superficie, es difícil porque cualquiera que valora la autoridad de las Escrituras encontraría tal principio objetable. Acaso no es toda la vida para ser vivida de acuerdo a la reglamentación de las Escrituras? Este es un principio cercano y amado por los corazones de todos los que se llaman cristianos bíblicos. Sugerir lo contrario es abrir la puerta al antinomianismo.

Pero las cosas son raramente tan simples. Después de todo, la Biblia no me dice si yo debo o no debo escuchar con agrado a una sinfonía de Mahler, ganar un concurso de colección de estampas, o disfrutar de criar hurones como una ocupación útil aunque  hay cristianos bien intencionados quienes afirman con confianza dogmática que alguna o todas estas actividades violan la voluntad de Dios. Conocer la voluntad de Dios en cualquier circunstancia es una función importante para cada cristiano, y es fundamental para poder conocerla un deseo de someterse a las Escrituras como la palabra autoritativa de Dios para todas las edades y circunstancias. Pero qué significa exactamente la autoridad bíblica en tales circunstancias?

Bueno, las Escrituras afirman ciertos requerimientos específicos: por ejemplo, debemos adorar con el pueblo de Dios en el Día del Señor, y debemos envolvernos en el trabajo útil para ganarnos el pan de cada día. Además, cubrir cada posible circunstancia, las Escrituras presentan un principio genera: “presenten sus cuerpos como un sacrificio vivo, santo y aceptable a Dios, el cual es su adoración espiritual. No se conformen a este mundo, sino que sean transformados por la renovación de su mente, para que al probarse puedan discernir cuál es la voluntad de Dios, que es buena y aceptable y perfecta.” (Rom. 12:1-2). Claramente, toda la vida debe ser regulada por las Escrituras, ya sea por un mandamiento expreso o prohibición o por principio general. Hay por lo tanto, en cierto sentido, un principio regulativo para toda la vida. En todo lo que hacemos, y en una forma u otra, debemos ser obedientes a las Escrituras.

Sin embargo, los reformadores (Juan Calvino especialmente) y los eruditos de Westminster (como representantes del puritanismo del siglo diecisiete) veían la materia de adoración corporativa de manera diferente. En esta instancia, un principio general de obediencia a las Escrituras es insuficiente; debe ser (y es) una prescripción específica gobernadora de cómo Dios debe ser adorado corporativamente. En la adoración pública de Dios, hay requerimientos específicos, y no somos libres ya sea de ignorarlos o de agregarles algo. La típica manera de formulación de esto son las palabras de Juan Calvino: ” Dios desaprueba todos los modos de adoración no enseñados expresamente por Su Palabra” (La Necesidad de Reformar la Iglesia); y la Segunda Confesión Bautista de Fe de 1869 dice: “La manera aceptable de adoración al Dios verdadero, es instituida por Él mismo, y limitada a Su propia voluntad revelada, para que no sea adorado de acuerdo a la imaginación e inventos de los hombres, ni por engaños de Satanás, bajo ninguna visible representación, o ninguna otra forma no prescrita en las Santas Escrituras” (22.1)

¿Dónde enseña la Biblia esto? En más lugares de lo que comúnmente se imagina, incluyendo la constante estipulación del libro de Éxodo con respecto a construir el tabernáculo y que todo sea hecho “de acuerdo al patrón… que viste” (Ex. 25:40); el juicio pronunciado sobre la ofrenda de Caín, sugiere que su ofrenda (o su corazón) eran deficientes de acuerdo al requerimiento de Dios (Gen. 4:3-8); el primer y segundo mandamientos muestran el cuidado particular de Dios con respecto a la adoración (Ex. 20:2-6); el incidente del becerro de oro, enseñando que la adoración no puede ser ofrecida meramente de acuerdo con nuestros propios valores y gustos; la historia de Nadab y Abiu y la ofrenda de “fuego extraño” (Lev. 10); el rechazo de Dios sobre la adoración no prescrita de Saúl – Dios dijo, “la obediencia es mejor que el sacrificio” (1 Sam. 15:22); y el rechazo de Jesús con respecto a la adoración de los fariseos de acuerdo a la “tradición de los ancianos” (Mat. 15:1-14). Todo esto indica un rechazo de la adoración ofrecida de acuerdo a los valores y direcciones diferentes a aquellas especificadas en las Escrituras.

De particular importancia son las respuestas de Pablo a la errante adoración pública de Colosas y Corinto. En cierto punto, Pablo caracteriza la adoración pública en Colosas como ethelothreskia (Col. 2:23), traducida de varias formas como “adoración de la voluntad” o “religión hecha por uno mismo.” Los colosesnses habían introducido elementos que eran claramente inaceptables (incluso si ellos clamaban venir de fuentes angélicas para sus acciones – una posible interpretación de Col. 2:18, la “adoración de ángeles”). Quizá es en el uso (abuso) corintio de las lenguas y la profecía que encontramos la más clara indicación del apóstol de “regular” la adoración corporativa. Regula amabas, el número y el orden del uso de los dones espirituales en una manera que no aplica a “toda la vida”: ninguna lengua debe ser empleada sin un intérprete (1 Cor. 14:27-28) y solamente dos o tres profetas pueden hablar, en turno (vv. 29-32). Al final, la instrucción de Pablo a los corintios determina que la adoración corporativa debe ser regulada en una forma que se aplica diferente de aquello que debe ser verdadero para el todo de la vida.

¿El resultado? Elementos particulares de adoración son resaltados: lectura de la Biblia (1 Tim. 4:13); predicar la Biblia (2 Tim. 4:2); cantar la Biblia (Efe. 5:19; Col. 3:16) – los Salmos también como las Escrituras que reflejen el desenvolvimiento de la historia redentora en el nacimiento -vida – muerte -resurrección – ascensión de Jesús; orar la Biblia – la casa de mi Padre es “casa de oración” (Mat. 21:13); y ver la Biblia en los dos sacramentos de la iglesia, bautismo y la Cena del Señor (Mat. 28:19; Hchs. 2:38-39; 1 Cor. 11:23-26; Col. 2:11-12). En adición, elementos ocasionales tales como votos, promesas, ayunos solemnes y acciones de gracias también son reconocidos y resultados (vea la Confesión de Fe de Westminster 21:5).

Es importante darse cuenta que el principio regulativo aplicado a la adoración pública libera a la iglesia de actos impropios e idiotez – no somos libres, por ejemplo, de hacer que haya payasos haciendo sus trucos durante una lección Bíblica en el siguiente Domingo. Y aún así no compromete a la iglesia a “un molde de galletas,” de igualdad litúrgica. Dentro de la adherencia al principio hay un enorme espacio para la variación – en temas que la Escritura no ha tratado específicamente (adiaphora). Así, el principio regulativo como tal no puede ser llamado para determinar si canciones contemporáneas o tradicionales deben ser empleadas, o si leemos tres versos o tres capítulos de las Escrituras, o si hacemos una larga oración o varias oraciones cortas, o si una sola copa o copas individuales con vino real o jugo de uva son utilizados en la Cena del Señor. A todos estos temas, el principio de que “todas las cosas deben hacerse decentemente y en orden” (1 Cor. 14:40) debe aplicarse. Sin embargo, si alguien sugiere que la danza o el drama es un aspecto válido de la adoración pública, la pregunta debe hacerse – dónde está la justificación pública para ello? (sugerir que un predicador moviéndose por el púlpito o empleando voces “dramáticas” es “drama” en el sentido de arriba es trivializar el debate). El hecho de que ambos pueden ser (para usar el colonialismo) “ordenados” es rebatible y más allá del punto; no hay una pizca de evidencia bíblica, o mandato, para ello. Así que es superfluo argumentar desde la poesía de los Salmos o e ejemplo de que David danzaba delante del arca (desnudo, para estar seguros) a menos que estemos deseando abandonar todas las reglas de interpretación bíblica. Es un hecho saludable que ningún oficio de “coreógrafo” o “productor/director” existió en el templo. El hecho de que ambos la danza y el drama son carreras válidas para el cristiano está también fuera del punto.

Lo que se olvida a veces en estas discusiones es el importante rol de la conciencia. Sin el principio regulativo, estamos a la merced de “líderes de adoración” y pastores abusivos que cargan a los adoradores con el cargo de no complacer a Dios a menos que ellos participen de acuerdo a ciertos patrones y maneras. A las víctimas de tales abusos, las más dulces sentencias jamás puestas en el hombre son, “Solo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o está al lado de ella en asuntos de fe o de adoración.Así que creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos con respecto a la conciencia, es traicionar la verdadera libertad de conciencia; y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta, es destruir la libertad de conciencia y también la razón” (CFW 20:2). El obedecer cuando es materia de expresa prescripción de Dios es la verdadera libertad; cualquier otra cosa es legalismo.

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