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Reforma Ecuador

Artículos bíblicos para promover la Reforma de las Iglesias en el Ecuador

¿Qué es una Iglesia Reformada?

por Cristian García

Cuando hablo con mis amigos o con otros hermanos en Cristo acerca de mi fe y mi congregación surge la pregunta: ¿Qué es una Iglesia Reformada?

Esta pregunta en un inicio parece ser algo sencilla y fácil de responder, pero entre más lo pienso, y más trato de armar todas las piezas en mi cabeza para dar una respuesta fiel a la gran herencia de una iglesia reformada, más difícil se vuelve para mi responder la pregunta.

Sin embargo, ya que varias veces he tenido que responder a esta pregunta, con el tiempo he encontrado muy útil responder  con las tres características más sobresalientes de una congregación reformada, es decir que una Iglesia Reformada es: Cristiana, Histórica y Confesional.

Una Iglesia Reformada es Cristiana:

Quizá este es uno de los puntos más obvios de mi respuesta pero nunca está por demás. Una Iglesia Reformada es una Iglesia que centra todas sus creencias en la Palabra de Dios. En ese sentido nosotros creemos que la Biblia es la Palabra inspirada por Dios, tal como lo dice el Apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia…

La Biblia es la historia de la salvación de Dios para este mundo, y Dios se reveló así mismo a través de Su Palabra. La Biblia entonces, tiene un solo hilo conector que la recorre de principio a fin: Jesús. Cristo Jesús siendo la máxima revelación De Dios (Heb. 1), es para nosotros (de acuerdo a la Biblia) la Segunda Persona de la Trinidad que, tomando la carne, vino a este mundo para morir por los pecados de Sus escogidos.

Es de esta manera que nosotros, al igual que muchos otros cristianos en el mundo, confesamos que no existe salvación fuera de Jesús (Juan 14:6), y que una vez que hemos confesado a Cristo como nuestro Salvador y Señor, no podemos hacer otra cosa que servirle en obediencia a Su Palabra (Fil. 2:12), puesto que nos ha librado de nuestros pecados, y nos ha hecho parte de Su cuerpo que es la Iglesia. (Col. 1:18).

Es debido a esto (que la Palabra de Dios es nuestro fundamento, y Cristo Jesús es nuestro único salvador y Señor), que nosotros afirmamos que toda Iglesia Reformada que confiesa estos principios es indudablemente una iglesia cristiana.

La Iglesia Reformada existe solamente por Cristo y para Cristo, fuera de Cristo no existe razón alguna para unirnos como una congregación.

Una Iglesia Reformada es Histórica:

La segunda característica de una Iglesia Reformada es quizá un poco más compleja.

Nosotros como Iglesia afirmamos junto con la Palabra de Dios que el Señor siempre ha guardado para Sí mismo un remanente Santo (1 Reyes 19:18, Jer. 31:36), este remanente ha existido desde el principio de los tiempos y existirá hasta el fin de los tiempos.

Es verdad que muchas veces el remanente de Dios parece ser muy pequeño, pero eso no significa que ha desaparecido del todo, debido a que quien está edificando Su Iglesia es Cristo mismo (Mat. 16:18), y por lo tanto Cristo jamás abandonará a Su Iglesia o se quedará sin testigos.

De esta manera, debido a que la Iglesia de Cristo se extiende desde el paraíso del Edén hasta nuestros tiempos, nosotros reconocemos que como Iglesia no podemos ignorar esa herencia histórica que otros fieles creyentes han dejado para nuestro beneficio. Es por esta razón que nosotros reconocemos aquellas reflexiones antiguas de la Iglesia tanto en cuanto estén de acuerdo con la Palabra de Dios.

En este punto quizá un ejemplo podría ayudar a aclarar lo que estoy diciendo, el ejemplo más simple que se me puede ocurrir es la palabra “Trinidad”. Esta palabra no se encuentra en ningún versículo bíblico de las Escrituras, es una palabra desconocida en el lenguaje bíblico, y sin embargo, si una iglesia hoy en día no afirma la palabra “Trinidad” entonces está cometiendo una herejía.

En realidad esta palabra es el producto de la reflexión teológica de los antiguos creyentes de la Iglesia ante la realidad presentada en las Escrituras, aquella realidad de que Dios es Uno en esencia pero Tres en personas. Estas afirmaciones sí se encuentran en la Biblia en varias partes (dos simples ejemplos son: Deut. 6:4, Mat. 3:13-17), y nos demuestran que Dios siendo un Ser espiritual simple, sin embargo subsiste en Tres Personas. De manera que “… el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios…” (Credo de Atanasio).

Este entendimiento doctrinal es esencial para poder ecomprender correctamente las Escrituras, y si nosotros los rechazaríamos entonces estaríamos rechazando aquello que la Biblia enseña claramente. Por otro lado, si nosotros quisiéramos tratar de definir esta realidad de otra manera, quizá terminaríamos con algo de calidad menor o quizá con alguna herejía. Es por esta razón que como iglesias históricas nosotros aceptamos y confesamos como verdaderos y correctos sumarios de la fe bíblica a los tres credos ecuménicos de la Iglesia Antigua, es decir: el credo Apostólico, el credo Niceno, y el Credo de Atanasio.

Si usted, que está leyendo este artículo, alguna vez tiene alguna duda de la validez de estos documentos, le invito a leerlos y examinarlos a la luz de las Escrituras, y también le recuerdo que en caso de rechazarlos, entonces también debería rechazar terminología que siempre ha formado parte del cristianismo fiel como la palabra “Trinidad” y el entendimiento fiel acerca de la Divinidad de Cristo y del Espíritu Santo, por citar dos ejemplos.

Una Iglesia Reformada es Confesional: 

Estas dos realidades de la Iglesia Reformada como cristiana e histórica necesariamente nos dirigen a afirmar que la Iglesia Reformada es confesional.

Quizá esta idea de la Iglesia como confesional es un poco extraña para usted, pero la verdad es que todas las iglesias y todas las personas dentro de una iglesia son confesionales. Desde el momento en que usted afirma que Jesús es Dios, usted y muchos otros más están haciendo una confesión acerca de lo que cree con respecto al Señor Jesús.

En cierto sentido todos somos teólogos, unos mejores que otros, y unos conscientemente y otros inconscientemente; pero, para bien o para mal absolutamente todos creemos algo con respecto a algo más. La manera en la que usted o su iglesia local respondan a ciertas preguntas con respecto a la Biblia (como por ejemplo: ¿Qué es Dios? ¿Cómo soy salvo? ¿Cuál es el carácter de Dios? ¿Odia Dios al pecado? ¿Qué es la Iglesia?), demostrarán el entendimiento que su iglesia o usted tienen con respecto a la Biblia y por lo tanto estarán haciendo una confesión.

Es por esta razón que no existe una iglesia o individuo que no sea confesional, absolutamente todos los cristianos son confesionales, el problema es si su confesión o la de su iglesia se encuentran publicadas de una manera que las personas puedan examinar con Biblia en mano dicha confesión.

Debido a esto nosotros afirmamos como Iglesias Reformadas los tres estándares doctrinales conocidos como las Tres Formas de Unidad que contienen: La Confesión Belga escrita en 1561, El Catecismo de Heidelberg escrito en 1563 y los Cánones de Dort escritos en 1618-1619.

Éstos tres estándares doctrinales son resúmenes que contienen todas aquellas cosas que nosotros confesamos como Iglesia cristiana, y fueron grandes documentos elaborados por los Reformadores que, acusados de herejes por la Iglesia Católico Romana, querían demostrar en base a la Biblia y de manera pública, que la fe Reformada Protestante no era contraria a la Palabra de Dios sino un resurgimiento de la verdadera doctrina bíblica.

Si en algún momento alguien viene a uno de nuestros servicios en nuestras congregaciones y quiere examinar nuestras creencias, nuestras confesiones pueden ser examinadas por esa persona libremente e incluso usted puede encontrar una copia de ellas en internet. De esta manera nuestra posición como cristianos es clara y honesta.

Bien, aunque aún hay muchas cosas más que se podrían decir al respecto la intención de este artículo no es abarcar todo el espectro de la identidad reformada sino más bien presentar un pequeño panorama de esta grandiosa fe bíblica conocida como Fe Reformada y de nuestra congregación como una Iglesia Reformada. Espero que haya podido, aunque sea de manera breve, responder a aquella gran pregunta: ¿Qué es una Iglesia Reformada?


Acerca del autor: Mi nombre es Cristian Garcia, actualmente me encuentro finalizando mi primer año de estudios de Master en Divinidades en Mid-America Reformed Seminary, localizado en Dyer, Indiana. Soy miembro de la Iglesia Reformada Unida Luz de Vida en Quito, Ecuador, y miembro estudiantil de Oak Glen United Reformed Church en los Estados Unidos mientras me encuentro estudiando.

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Semper Reformanda

por Michael Horton

Si has estado en círculos Protestantes por mucho tiempo, ya sean conservadores o liberales, es posible que hayas escuchado la frase “reformado y siempre reformado” o algunas veces simplemente “siempre reformando”. Lo escucho mucho estos días, especialmente de amigos que quieren que nuestras Iglesias Reformadas sean más abiertas a ir más allá de la fe y la práctica que se confiesa en nuestros estándares doctrinales. Incluso en círculos Reformados últimamente, han surgido varios movimientos que desafían estos estándares. ¿Cómo pueden las confesiones y loscatecismos escritos en los siglos XVI y XVII guiar nuestra doctrina, vida y culto en el siglo XXI?

Los Protestantes liberales frecuentemente invocan esta frase para justificar su cautiverio al espíritu de los tiempos, pero algunos Protestantes conservadores también lo usan para alentar una definición más amplia de lo que significa ser Reformado.

Pero, ¿de dónde vino esta frase? Su primera aparición fue en un devocional de 1674 por Jodocus van Lodenstein, quien fue una figura importante en el pietismo Reformado holandés, un movimiento conocido como la Segunda Reforma Holandesa. Según estos escritores, la Reforma reformó la doctrina de la Iglesia, pero las vidas y las prácticas del pueblo de Dios siempre necesitan una reforma adicional.

Van Lodenstein y sus colegas estaban comprometidos con la enseñanza de la confesión Reformada y su catecismo; simplemente quisieron ver que la enseñanza se aplicara más a fondo y se entendiera mejor. Sin embargo, aquí está toda su frase: “La Iglesia es reformada y siempre [en necesidad de] ser reformada de acuerdo con la Palabra de Dios.” El verbo es pasivo: la Iglesia no está “siempre reformandose”, sino que “siempre está siendo reformada” por el Espíritu de Dios a través de la Palabra”. Aunque los Reformadores no usaron este eslogan, sin duda refleja lo que estaban haciendo; ¡especialmente si uno cita todo lo que dice toda la frase!

Cada cláusula es crucial. Primero, la Iglesia es Reformada, y esto debe escribirse con una “R” en mayúscula. Si es cierto que Jesús resucitó de entre los muertos hace dos milenios en Palestina, entonces es igualmente cierto en nuestro tiempo y lugar. Los credos ecuménicos confiesan la fe que todos compartimos en una multitud de culturas y épocas.

De manera similar, los estándares Reformados (como las Tres Formas de Unidad y la Confesión y Catecismos de Westminster) resumen lo que los cristianos Reformados creen que es la enseñanza clara de la Palabra de Dios. Las Iglesias siempre cambiarán en formas significativas dependiendo de su tiempo y lugar, pero estas formas comunitarias de confesar a Cristo siguen siendo resúmenes fieles de “la fe entregada de una vez por todas a los santos” (Judas 3).

Nuestros antepasados que invocaron esta frase tenían en mente la consolidación del cristianismo católico (entiendase como universal; no como Católico Romano) y evangélico encarnado en las confesiones y los catecismos Reformados. Hay una razón por la cual esta ala de la Reforma se autodenominaba “Reformada”. A diferencia de los Anabautistas, las Iglesias Reformadas se entendieron a sí mismas como una rama continua de la Iglesia católica (No Romana Católica). Al mismo tiempo, los Reformados querían reformar todo “de acuerdo con la Palabra de Dios”. No solo nuestra doctrina sino también nuestra adoración y vida deben estar determinadas por las Escrituras y no por capricho humano o creatividad.

Curiosamente, es una teóloga presbiteriana del ala “mainline”, Anna Case-Winters, quien llama la atención sobre lo que ella llama “nuestro lema mal usado”. Winters señala que “en el contexto del siglo XVI el impulso que reflejaba no era ni liberal ni conservador, sino radical , en el sentido de volver a la “raíz”. Esto se reflejó en el grito de guerra, sola Scriptura (solo por las Escrituras). La Reforma no tenía interés en el “cambio” como un fin en sí mismo. Como Calvino argumentó en su tratado “La Necesidad de Reformar la Iglesia”, los Reformadores fueron acusados de innovación cuando en realidad fueron las innovadoras distorsiones de la fe cristiana y la adoración en la Iglesia medieval lo que requirió la recuperación del Cristianismo apostólico. Roma pretendía ser “siempre la misma”, pero había acumulado una gran cantidad de doctrinas y prácticas que eran desconocidas para la Iglesia antigua, y mucho más para el Nuevo Testamento.

Algunas personas hoy dejan de lado la parte “Reformada” o al menos la interpretan como “reformada” (con “r” minúscula): la Iglesia está “siempre siendo reformada de acuerdo a la Palabra de Dios”. Esto significa que ser Reformado es simplemente ser reformado y ser reformado es simplemente ser bíblico. Todos los que basan sus creencias en la Biblia son por lo tanto “reformados”, independientemente de si sus interpretaciones son consistentes con las confesiones comunes de las Iglesias Reformadas. Sin embargo, esto va en contra de la intención original de la frase. Sin duda, hay muchas creencias y prácticas que los creyentes Reformados comparten en común con los creyentes no Reformados comprometidos con la Palabra de Dios. Siempre debemos permanecer abiertos a la corrección de nuestros hermanos y hermanas en otras Iglesias que han interpretado la Biblia de manera diferente. Sin embargo, las Iglesias Reformadas pertenecen a una tradición cristiana particular con sus propias definiciones de fe y práctica. Creemos que nuestras confesiones y catecismos representan fielmente el sistema de doctrina que se encuentra en las Sagradas Escrituras. Creemos que ser Reformado no es solo ser bíblico; ser bíblico es ser Reformado. Así como es importante el mantener el término “Reformado” en la frase, una omisión aún más peligrosa se encuentra a menudo entre los Protestantes más liberales que también omiten la cláusula de “de acuerdo con la Palabra de Dios”. Y por lo general es “siempre reformando”, en lugar de “siempre siendo reformado”. En esta visión, la Iglesia es el elemento activo, determinando su propia doctrina, culto y disciplina a la luz de contextos culturales en constante cambio. El Progresismo se convierte en un fin en sí mismo y la iglesia se convierte en un espejo del mundo.

Sin embargo, aquellos de nosotros en las Iglesias Reformadas confesionales también debemos tener cuidado de no olvidar que nuestros estándares doctrinales están subordinados a la Palabra de Dios. La Iglesia de Cristo fue reformada por la Palabra de Dios en la época de la Reforma y la posreforma. Fue devuelta a la Palabra de Dios y el fruto de esa gran obra del Espíritu continúa guiándonos a través de nuestras confesiones y catecismos. Y, sin embargo, la Iglesia no solo está Reformada; siempre está en necesidad de ser reformada. Al igual que nuestra santificación personal, nuestra fidelidad corporativa siempre es defectuosa. No necesitamos ir más allá de los logros de la Reforma, pero sí necesitamos una reforma adicional. Pero aquí es donde entra en juego la última cláusula: “siempre siendo reformado según la Palabra de Dios”.

No es porque la cultura siempre esté cambiando y porque tenemos que estar a la altura de los tiempos, sino porque siempre necesitamos reorientarnos hacia la Palabra que está sobre nosotros, individual y colectivamente, que la Iglesia nunca puede permanecer inmovil. Siempre debe ser una Iglesia que escucha. “La fe viene por el oír y el oír por la palabra de Cristo” (Rom. 10:17). Personal y corporativamente, la Iglesia nace y se mantiene viva al escuchar el evangelio. La Iglesia siempre está en el lado receptor de las buenas dádivas de Dios, así como de su corrección. El Espíritu no nos aparta de la Palabra, sino que nos dirige de regreso a Cristo tal como se revela en las Escrituras.

Siempre necesitamos regresar a la voz de nuestro Pastor. El mismo evangelio que crea la Iglesia lo sostiene y renueva. Nuestra conformidad personal con la Palabra que Pablo ordena en Romanos 12 nunca se completa en esta vida, y lo mismo es cierto para la Iglesia en esta era actual.

Esta perspectiva nos impide hacer que la tradición sea infalible, pero igualmente de absorber la obsesión Protestante radical de comenzar de cero en cada generación. Cuando la Palabra de Dios es la fuente de nuestra vida, nuestra máxima lealtad no es al pasado como tal o al presente y al futuro, sino a “esa Palabra sobre todas las fuerzas terrenales”, para tomar prestado del famoso himno de Lutero. Ni detrás de nosotros ni delante de nosotros, sino por encima de nosotros, reina nuestro Señor soberano sobre su cuerpo en todos los tiempos y lugares. Cuando invocamos la frase completa – “la Iglesia Reformada y siempre siendo reformada de acuerdo a la Palabra de Dios” – confesamos que pertenecemos a la Iglesia y no simplemente a nosotros mismos y que esta Iglesia siempre es creada y renovada por la Palabra de Dios más que por el espíritu de los tiempos.

Tomado de http://www.ligonier.org/learn/articles/semper-reformanda/

Credos y Confesiones

por A. A. Hodge

¿Por qué son los Credos y Confesiones necesarias, y cómo han sido éstas producidas?

Las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos han sido dadas por inspiración de Dios. Son para el hombre en el presente estado la única y toda-suficiente regla de fe y práctica. Esta divina Palabra, por lo tanto, es el único estándar de doctrina que tiene una autoridad intrínseca capaz de atar las conciencias de los hombres. Cualquier otro estándar tiene valor o autoridad en la medida en que enseñe lo que las Escrituras enseñan.

Pero es el deber y necesidad inalienable de los hombres el llegar al significado de las Escrituras en el uso de sus facultades naturales y a través de los instrumentos ordinarios de interpretación. Dado que toda verdad es auto-consistente en todas sus partes, y dado que la razón humana siempre busca instintivamente reducir todos los elementos contra los cuales ésta lucha para lograr unidad lógica y consistencia, sigue que los hombres deben más o menos ser formales en construir un sistema de fe desde los materiales presentados en las Escrituras. Cada estudiante de la Biblia necesariamente hace esto en cada proceso de entender y digerir su enseñanza, y todo estudiante hace manifiesto que ha encontrado, de una u otra manera, un sistema de fe tan completo como le sea posible, a través del lenguaje que usa en oración, alabanza, y en su discurso ordinario religioso. Si los hombres rechazan la asistencia provista por las declaraciones de doctrina cuidadosamente elaboradas y definidas por la Iglesia, ellos deben soberanamente crear sus propios Credos a través de su propia sabiduría sin ayuda alguna. La verdadera pregunta entre la Iglesia y los que impugnan los Credos humanos, no es, como los últimos pretenden, entre la Palabra de Dios y los Credos del hombre, sino entre la fe probada del cuerpo colectivo del pueblo de Dios, y el juicio privado, la sabiduría sin asistencia del individuo. Como ha sido anticipado, es un hecho que la Iglesia ha avanzado gradualmente en su trabajo de interpretar precisamente la Escritura, y en definir las grandes doctrinas que componen el sistema de verdades que ésta revela. La atención de la Iglesia ha sido especialmente dirigida al estudio de una doctrina en una época, y de otra doctrina en una época subsiguiente. Y como ella ha ido gradualmente avanzando en la discriminación clara de la verdad del evangelio, ella en diferentes períodos ha puesto por escrito una declaración precisa de los resultados de sus nuevos logros en un Credo, o Confesión de Fe, con el propósito de preservar y de instruir, de discriminar y defender la verdad de la perversión de los herejes y de los ataques de los infieles, y de proveer de un lazo común de fe, y una regla de enseñanza y disciplina.

Los Credos antiguos de la Iglesia universal fueron formados por los primeros cuatro Concilios ecuménicos o generales, excepto el llamado Credo Apostólico, gradualmente formado de las confesiones bautismales en uso en las diferentes Iglesias del Oeste, y el llamado Credo de Atanasio, el cual es de autoría privada y desconocida. La gran Confesión autoritativa de la Iglesia Papal fue producida por el Concilio ecuménico mantenido en Trento en 1545. La masa de las principales Confesiones Protestantes fueron la producción de individuos o pequeños círculos de individuos como, por ejemplo, la Confesión y Apología de Augsburgo, la Segunda Confesión Helvética, el Catecismo de Heidelberg, la Antigua Confesión Escocesa, los Treintainueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, etc. Dos, sin embargo, de las Confesiones Protestantes más valiosas y generalmente recibidas fueron producidas por Asambleas grandes y venerables de teólogos doctos, tales como: los Cánones del Sínodo internacional de Dort, y la Confesión y Catecismos de la Asamblea nacional de Westminster.

¿Cuáles son los usos legítimos de los Credos y Confesiones?

Los Credos y Confesiones han sido útiles en todas las edades de la Iglesia por los siguientes propósitos. 1) Marcar, preservar, y diseminar los logros hechos en el conocimiento de la verdad Cristiana por cualquier rama de la Iglesia, en cualquier crisis importante de su desarrollo. 2) Discriminar la verdad de las apariencias de los falsos maestros, y definirla con precisión en su integridad y debida proporción. 3) Actuar como el lazo de comunión eclesiástica entre aquellos que están de acuerdo como para ser capaces de trabajar juntos en armonía. 4) Ser usadas como instrumentos en el gran trabajo de la instrucción de la gente.

¿Cuál es el fundamento y alcance de su autoridad, o poder para atar consciencias?

El contenido de los Credos y Confesiones atan las consciencias de los hombres solamente cuando este es puramente Escritural, y lo es por esa misma razón. La forma en la cual el contenido es declarado, por otro lado, ata solamente a aquellos que se han subscrito voluntariamente a la Confesión, y solamente por esa subscripción.

En todas las Iglesias una distinción es hecha entre los términos sobre los cuales los miembros privados son admitidos a su confianza sagrada de enseñanza y gobierno. Una Iglesia no tiene el derecho de crear una condición que Jesucristo no ha hecho tal para salvación. La Iglesia es el rebaño de Cristo. Los sacramentos son sellos de su pacto. Todos los que han hecho una profesión creíble de verdadera religión, es decir los que son presuntamente el pueblo de Cristo, tienen el derecho de pedir ser admitidos. Esta profesión creíble por supuesto involucra un conocimiento competente de las doctrinas fundamentales del Cristianismo, una declaración de fe personal en Cristo y de devoción a su servicio, y un temperamento y forma de vida consistente. Por otro lado, ningún hombre puede ser iniciado en un oficio si no profesa creer en la verdad y sabiduría de la constitución y las leyes que serán su deber conservar y administrar. Caso contrario toda la armonía de sentimiento y cooperación eficiente sería imposible.

Es un principio moral universalmente admitido que el animus imponentis, el sentido en el cual las personas que imponen un juramento, promesa, o compromiso, lo entienden y ata la consciencia de las personas que se han atado a través de un juramento o promesa. Todo candidato para el oficio en la Iglesia Presbiteriana, por lo tanto, personalmente cree en el “sistema de doctrina” enseñado en nuestros Estándares (Westminster), en el sentido en que ha sido históricamente entendida como la verdad de Dios, o solemnemente mienten a Dios y al hombre.

Tomado de Outlines of Theology de A.A. Hodge, publicado por The Banner of Truth Trust, 1999.
Traducido por Ps. Pablo Landázuri 2017.

¿Dónde está el Anciano Gobernante? Una breve defensa de los tres oficios en la Iglesia

Por Rev. Pablo Landazuri

Muchas Iglesias Reformadas y Presbiterianas en el Ecuador confiesan y practican lo que se conoce como la visión de los dos oficios en la Iglesia, que consiste en eliminar la distinción entre ancianos predicadores y ancianos gobernantes. Esta forma de entender los oficios en la Iglesia une lo que la visión de tres oficios separa: el oficio de ministro de la Palabra o anciano docente, del de anciano gobernante. Aunque esta visión de dos oficios es popular en varias Iglesias del Ecuador, ésta no es la visión que las Confesiones Reformadas y Presbiterianas han propuesto y practicado por casi quinientos años. ¿Por qué entonces hay Iglesias de esta persuasión que confiesan y practican una visión no confesional sobre los oficios eclesiásticos? La respuesta a esta pregunta nace, sin embargo, de una excelente intención: ¡estos hermanos quieren ser bíblicos! Su argumento usualmente descansa en los pasajes de Pablo en 1 Timoteo 3 y Tito 1. La posición va más o menos así: “En estos pasajes el apóstol Pablo dice que los ancianos deben ser aptos para enseñar, y si los ancianos deben ser aptos para enseñar, por lo tanto todos los ancianos deben enseñar y son, en consecuencia, ministros de la Palabra”.

Valoro y celebro muchísimo este deseo de fidelidad a las Escrituras, este debe ser nuestro propósito siempre. Además, este argumento suena claro, directo y definitivo; pero después de un estudio más profundo he llegado a la conclusión de que no es así. Este ensayo busca demostrar que en 1 Timoteo 3 y Tito 1 el apóstol Pablo habla de una clase específica de anciano, aquel llamado a la predicación, y que al eliminar la distinción entre ancianos hay dos efectos indeseables: por un lado todos los ancianos se convierten en predicadores, y por otro se priva a las congregaciones, sin justificación alguna, de la representación del pueblo a través del oficio de anciano gobernante. A continuación trataré de demostrar esta tesis a través de los siguientes puntos: el anciano en el Antiguo Testamento, el anciano en los Evangelios, y el anciano en los escritos de Pablo.

Los ancianos en el Antiguo Testamento

Uno de los textos más usados en Ecuador para defender la visión de los dos oficios se llama: “Liderazgo Bíblico de Ancianos” de Alexander Strauch. Hay cosas muy útiles en este texto, pero también un error determinante. El autor se limita a realizar una exégesis y aplicación de los pasajes del Nuevo Testamento en los que aparece el término “anciano”, y no considera a aquellos presentes en el Antiguo Testamento, en donde el término y oficio tuvo origen. Este error, propio de aquellos influenciados por el dispensacionalismo, en mi opinión, lleva al autor a conclusiones equivocadas, como por ejemplo asignar a todo tipo de ancianos el don de enseñar y en consecuencia dejar totalmente de lado a aquellos llamados a gobernar como representantes del pueblo.

El Diccionario de Jesús y de los Evangelios editado por Joel B. Green nos ayuda a ver el desarrollo del término anciano en las páginas del Antiguo Testamento. El término anciano viene del Hebreo zāqēn que quiere decir “aquel con barba” o “el mayor en edad”. El término con frecuencia era usado para hablar de la persona que era el líder de su familia o de un clan. En Éxodo 24:1 y 9 son mencionados junto con Moisés. En Números 11:16-17, 24-25, los ancianos fueron ungidos para asistir a Moisés en su oficio. Más adelante, en Deuteronomio, se detallan las responsabilidades de los ancianos: la administración de la justicia (19:11-13), el conducirse como jueces civiles en las puertas de la ciudad (22:15; 25:7), y juzgar en problemas familiares (21:18-21; 22:13-21). Luego, una vez que Israel se estableció en Canaán, los ancianos también ejercieron funciones políticas y militares (1 Samuel 4:3; 8:4-9). Una vez que la monarquía inició los ancianos actuaron como mediadores para eliminar tendencias dictatoriales por parte de los reyes. Varios como Saúl, David, y Roboam interactuaron con ellos y buscaron su favor (1 Samuel 15:30; 2 Samuel 3:17, 5:3; 1 Reyes 12:6-8).

Como podemos ver, los ancianos de Israel en este período de la historia cumplían con funciones de gobierno religioso y legal, en representación del pueblo, pero de ninguna manera cumplían con funciones de enseñanza.

Posteriormente, durante los períodos del exilio, post-exilio e intertestamental, los ancianos toman un rol prominente ante la ausencia de la realeza israelita y judía. Por ejemplo, los ancianos fueron los precursores de la reconstrucción del templo (Esdras 5:9; 6:6-15), y Nehemías interactuó con ellos, los nobles y oficiales (Nehemías 5:7,7:5).

Con el tiempo estos líderes, cabezas de familia, empezaron a reunirse en un Concilio, el cual, con el tiempo, se convirtió en el Sanedrín. Bajo el dominio macedonio, este Concilio paso a ser conocido como Gerusía, órgano de la antigua Esparta, a través del cual los griegos permitían a los pueblos conquistados gobernar sus propios asuntos internos. De acuerdo al historiados Josefo (Josefo, Jewish Wars, 2.482), en algún momento este Concilio estuvo formado por los ancianos y los sacerdotes aristócratas, encabezados por el sumo sacerdote. Durante el reinado de los Asmoneos, el Gerusía fue alterado una vez más. Su composición fue de los nobles (ancianos y sacerdotes) y los escribas de tendencia farisaica. Esta estructura se mantuvo al inicio de Nuevo Testamento.

Después, bajo el gobierno romano, la Palestina fue dividida en cinco Synedria. Años después, Herodes el Grande inició su reinado ejecutando a cuarenta y cinco miembros del Sanedrín con el objeto de obligaros a someterse. Hasta este punto los ancianos continuaron representando a la nación en sus interacciones con los griegos y los romanos. No tenían responsabilidades de enseñanza.

Vemos, por lo tanto, que el oficio de anciano en el Antiguo Testamento tenía como enfoque el gobierno representativo en sus asambleas. Esta información es de suma importancia porque el Nuevo Testamento presupone que las funciones del anciano, al menos de inicio, son de gobierno y no de enseñanza.

Los ancianos en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento los ancianos del Antiguo Testamento son conocidos como los presbuteroi (plural masculino de la palabra griega presbuteros). Los ancianos ejercían el control total de la vida cívica y religiosa, por esa razón tomaban decisiones disciplinarias que llegaban hasta la excomunión. Estaban presentes en el Sanedrín y en las Sinagogas. En las páginas del Nuevo Testamento los miembros del Sanedrín son descritos como “los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes, y los escribas” (Lucas 22:66, Hechos 22:5 Ed. Joel Green , Dictionary of Jesus and the Gospels, 226-228).

Sin embargo, existen otros versículos en los Evangelios y el libro de Hechos que sugieren la idea de que el término anciano empieza a ser usado de una manera más flexible en la época descrita en estos escritos. Robert W. Eckardt, en su ensayo “Two Offices within the Eldership” (Dos Oficios en los Ancianos), dice: “Lucas describe a los oficiales que abordaban a Cristo en el templo como “los principales sacerdotes, los escribas…con los ancianos” (Lucas 20:1). Este es el orden usual en el Nuevo Testamento para describir el Sanedrín (Marcos 11:27, 14:43, 15:1, Mateo 27:41). A veces el orden es variado (Marcos 8:31, 14:53, Mateo 16:21, Hechos 4:5), y otras veces los escribas son omitidos (Mateo 21:23, 26:3, 27:1, 3,12, 20; 28:11, 12; Hechos 4:8, 23;23:14;25:15). Y también los escribas y ancianos son mencionados (Hechos 6:12). Los ancianos son llamados “ancianos de la gente”, como en el Antiguo Testamento (Mateo 21:23; 26:3,47;27:1). En consecuencia vemos que presbuteroi era un término relacionado con el judaísmo del día. Se podía referir a todos lo miembros del Concilio, a los miembros no-sacerdotales, o a los miembros laicos distintos a los sacerdotes o rabinos. Pero también podía referirse a los rabinos en particular, como en Mateo 15:2. El punto que estamos estableciendo aquí es que dado que presbuteros era un término usado con un alto grado de flexibilidad para referirse a varios oficiales en el judaísmo (del Nuevo Testamento), nosotros no deberíamos sorprendernos al encontrar la misma flexibilidad en la Iglesia del Nuevo Testamento. En otras palabras, el término es lo suficientemente amplio para incluir dos oficios separados que tienen en común la función de gobernar. (Robert W. Eckardt, Two Offices within the Eldership, en Order in the Offices, Ed. Mark Brown, 174)

A manera de conclusión preliminar, vemos que las páginas del Antiguo Testamento garantizan la presencia en el liderazgo de los ancianos de la gente, quienes tenían la sola responsabilidad de gobernar en representación del pueblo, no de enseñar. Por otro lado, en el Nuevo Testamento, especialmente en los Evangelios y en el libro de Hechos, vemos que el término ancianos, presbuteroi, fue usado con mayor flexibilidad al punto de incluir tanto a aquellos gobernantes de la gente y a aquellos gobernantes llamados a enseñar, incluyendo los mismísimos apóstoles (1 Pedro 5:1; 2 Juan 1; 3 Juan 1).

Los ancianos en los Escritos de Pablo

Esta distinción entre los ancianos que enseñan y aquellos que gobiernan es fortalecida por eltestimonio de los escritos del apóstol Pablo en Romanos 12:4-8 y 1 de Corintios 12:1-31 con respecto a los miembros de la Iglesia y a los dones del Espíritu. Por ejemplo, en Romanos 12, Pablo usa la ilustración de un cuerpo humano y sus partes para compararlos con la Iglesia y sus miembros, diciendo que “no todos los miembros tienen la misma función” y separando “la gracia dada” de enseñar con la de presidir o gobernar (prostēmi). Por otro lado, en 1 Corintios 12, Pablo vuelve a tratar con la imagen de un cuerpo, de sus miembros, y los dones del Espíritu Santo para cada uno de ellos. En ese caso, una vez más, los oficios relacionados con la enseñanza están separados de aquellos que administran (kubernēsis), también traducido como “gobiernan” (Ver: LSJ Lexicon [Abriged], Thayer’s Greek Lexicon). En otras palabras, si bien estos versos no usan explícitamente la palabra anciano, sí hablan acerca de la diversidad dones y de su uso particular: existen aquellos presbuteroi que enseñan, y aquellos presbuteroi que gobiernan. Como vemos la distinción entre los ancianos se mantiene.

Dado que hemos visto que existen varios oficios dentro del término anciano en el Nuevo Testamento y que los dones de enseñanza y gobiernos no son confundidos sino separados por Pablo, podemos entender los pasajes de 1 Timoteo 3 y Tito 1 en su debido contexto. En 1 Timoteo 3:2 leemos que el anciano debe ser “apto para enseñar”, lo cual implica que en estos textos Pablo está hablando de aquellos ancianos llamados al ministerio de la Palabra y no a los ancianos gobernantes. El mismo razonamiento aplica para 2 Timoteo 2:24 en donde leemos que se refiere a aquellos “aptos para enseñar”, y para Tito 1 en donde el anciano debe ser capaz de “exhortar con sana enseñanza”. Vemos que en estas instancias el tipo de presbítero del cual Pablo habla, es aquel llamado para enseñar y con el don para hacerlo.

Finalmente, llegamos al pasaje de 1 Timoteo 5:17 acerca del cual el mismo Juan Calvino comentó claramente: “Podemos aprender de esto, que habían dos tipos de ancianos; porque no todos fueron ordenados para enseñar. Las palabras claramente significan, que había unos que gobernaban bien y de manera honorable, pero que no tenían el oficio de la enseñanza. Y, de hecho, había escogidos de entre la gente, hombres de valor y buen carácter, quienes unidos con los pastores en un concilio común y autoridad, administraban la disciplina de la Iglesia, y eran censuradores para la corrección de la moral” (Juan Calvino, Comentario a las cartas a Timoteo, Tito y Filemón, 138-139).

Conclusiones

En este corto análisis vemos que a lo largo de Biblia lo ancianos gobernantes, representantes del pueblo, sin responsabilidades de predicación estuvieron presentes en las asambleas de gobierno. Es por esta razón que la Confesión Belga, a la cual se suscriben los oficiales de las Iglesias Reformadas, habla de tres oficios: los Ministros de la Palabra, Ancianos y Diáconos. Por otro lado, la tradición Presbiteriana en su Forma de Gobierno, capítulo 3:2, dice: “Los oficiales ordinarios y perpetuos en la Iglesia son los Obispos o Pastores; los Representantes de la gente, usualmente llamados ancianos gobernantes; y los diáconos”.

La visión de dos oficios, que no distingue entre ancianos docentes y ancianos gobernantes, une dos oficios que en las páginas de la Palabra están separados. El riesgo de esta visión es convertir al Consistorio en un grupo solamente compuesto por predicadores, sin la representación de la gente a través del oficio de gobernantes; o en un grupo de representantes del pueblo, sin ministros llamados para enseñar. Esto, pensamos, no debe suceder a la luz de la enseñanza bíblica. Ambos grupos están presentes en las páginas de las Escritura y son necesarios para un adecuado gobierno presbiteriano: aquellos gobernantes llamados y preparados para predicar, y aquellos gobernantes en representantes de la congregación.

La falta de claridad sobre estos conceptos han generado conflicto, no solo en las Iglesias del Ecuador, sino en otros lugares del mundo Reformado y Presbiteriano, dejando muchos heridos y tensiones en el camino. He notado que un aspecto emocional juega un rol importante en el análisis de este tema debido a excesos producidos de lado y lado: ministros que minimizan el rol del anciano gobernante, o ancianos que minimizan el rol de los ministros. En nuestra opinión, la causa de estas tensiones se debe, en parte, a la presencia de la posición conocida como la de dos y medio oficios mantenida por varias Iglesias de la PCA. Bajo esta visión sí hay una distinción de oficio, pero ambos ejercen la predicación desde el púlpito. Por lo dicho anteriormente no estamos de acuerdo con esta posición, no solamente por la confusión que produce, sino por que no encontramos su justificación en las Escrituras. Nuestras experiencias positivas o negativas no deberían ser el criterio último para definir nuestra eclesiología.

Otro argumento en defesa de la visión de los dos oficios es que los ministros tienen por tendencia el enseñorearse por sobre los ancianos gobernantes. Esto, estoy seguro sucedió en la historia de la Iglesia; sin embargo, no es nuestra posición ni práctica. La mejor manera de entender la relación de autoridad entre oficiales es la de paridad. El artículo 65 del Libro de Orden de las Iglesias Reformadas Unidas en Norte America, por ejemplo, dice: “Ninguna Iglesia debe, en ninguna manera, enseñorearse sobre otras Iglesias, ni los oficiales deberán enseñorearse sobre otros oficiales.”

Además, es importante ratificar que el oficio de anciano gobernante es de gran autoridad en la Iglesia. Por ejemplo, Charles Hodge en su ensayo “Warrant and Theory of Ruling Eldership” dice: “El poder que esta visión (tres oficios) de los ancianos, no es solamente grandiosa, sino dominante. En la sesión primaria (Consistorio), siempre son mayoría, y en otras, como regla general, son igual de numerosos que los ministros (Presbiterio o Asamblea). Nada puede hacerse sin su concurrencia. Ellos pueden admitir y excluir de la Iglesia en oposición a los ministros. Pueden asegurar la admisión o deposición de ministros en oposición a los ministros…en todas las asambleas de la Iglesia, por lo tanto, la gente, a través de sus representantes tienen un poder efectivo, y en muchos casos dominante (Charles Hodge, Warrant and Theory of Ruling Eldership,en Order in the Offices, Ed. Mark Brown, 69-70)”. Como vemos no existe causa formal para pensar que la doctrina y la práctica Reformada tradicional busca exaltar a unos oficiales en desmedro de otros.

Finalmente, quiero dirigirme a los hermanos ancianos gobernantes que actualmente cumplen funciones de enseñanza. Lo hago con mucho respeto y consideración. No pienso que este tema de gobierno sea la marca más importante de la Iglesia verdadera, pero si un tema importante y serio. Si usted es un anciano gobernante que actualmente predica en el púlpito de su Iglesia, con un llamado de su Consistorio y con la preparación necesaria, sepa que nuestra intención no es la de pedirle que deje de hacerlo necesariamente. Al contrario, animamos a los Consistorios a que analicen la posibilidad de ordenar a estos hermanos como ministros de la Palabra y de los Sacramentos, de ser viable. Por otro lado, es importante que las Iglesias consideren la ordenación de ancianos gobernantes para que sirvan en el Consistorio como representantes de la gente ejerciendo el don de gobierno que se les ha sido dado y reconocido por la Congregación y el Consistorio. De esta manera, consideramos que habrá un orden que fomentará la paz en las relaciones entre ministros, ancianos y diáconos en las Iglesias, sirviendo según el don dado por el Espiritu Santo para la edificación de nuestras Congregaciones.

La Iglesia e Israel: El Problema

por Cornelis Venema

A través de la historia de la iglesia cristiana, la pregunta del lugar de Israel dentro de los propósitos redentores de Dios ha sido un tema de especial importancia. En la historia moderna, con el levantamiento del dispensacionalismo como un punto de vista escatológico popular y el establecimiento del estado de Israel en 1948, la pregunta teológica de la intención de Dios para Israel se ha vuelto aún de mucha más importancia. En del Holocausto, los nazis intentaron exterminar a los judíos a través de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, y el tema de la relación entre la iglesia e Israel ha sido afectado nuevamente por la triste realidad del anti-semitismo, el cual, algunos argumentan que pertenece a cualquier teología cristiana que insiste en el tema de que hay un solo camino para la salvación a través de la fe en Cristo Jesús, ya sea para judíos o gentiles.

Para que podamos orientar la discusión de este tema crítico, necesitamos empezar con un claro entendimiento de las opiniones más populares en este tema que están representados hoy dentro de la iglesia. Estos puntos de vista ilustran no solamente la importancia de la pregunta, sino también la gran diversidad de posiciones existentes.

Dispensacionalismo Premilenial: el Propósito Especial de Dios para Israel

Aunque el dispensacionalismo premilenial es un punto de vista relativamente nuevo en la historia de la teología cristiana, su posición acerca del propósito especial de Dios para Israel ha formado, e incluso dominado, los debates recientes entre los cristianos evangélicos acerca de las relaciones entre la iglesia e Israel.

En el dispensacionalismo clásico, Dios tiene dos pueblos diferentes: un pueblo terrenal, Israel, y un pueblo celestial, la iglesia. De acuerdo al dispensacionalismo, Dios administra el curso de la historia de la redención por medio de siete dispensaciones sucesivas o economías redentivas. Durante cada dispensación, Dios prueba a los seres humanos por una revelación distinta de Su voluntad. Entre estas siete dispensaciones, las tres más importantes son la dispensación de la ley, la dispensación del evangelio, y la dispensación del reino. Aunque no es posible en este corto ensayo describir todas las características de estas dispensaciones, lo que es importante de este punto de vista es la insistencia del dispensacionalismo en el hecho de que Dios tiene un propósito separado y una manera distinta de lidiar con Su pueblo terrenal, Israel. Durante la era presente, la dispensación de la iglesia, Dios ha “suspendido” Su propósito especial para Israel y ha enfocado Su atención, en cierta forma, a la reunión del pueblo gentil a través de la proclamación del evangelio de Cristo Jesús a todas las naciones. Sin embargo, cuando Cristo regrese en cualquier momento para “raptar” a la iglesia antes del período de siete años de gran tribulación, Él continuará el programa especial de Dios para Israel. Este período de tribulación será un preludio al inicio de la dispensación futura de un reino  de mil años sobre la tierra. Para el dispensacionalismo, el milenio marca el período durante el cual las promesas de Dios para Israel, Su pueblo terrenal, recibirán un cumplimiento distinto y literal. Solamente al final de la dispensación del reino milenios Cristo finalmente derrotará a todos Sus enemigos e introducirá el estado final.

Aunque el dispensacionalismo reconoce que todas las personas, ya sean judías o gentiles, son salvadas por el único Mediador, Cristo Jesús, mantiene una clara y permanente distinción entre Israel y la iglesia dentro de los propósitos de Dios. Las promesas del Antiguo Testamento no son cumplirás a través de la reunión de la iglesia de Cristo Jesús entre todas las personas de la tierra. Estas promesas son dadas a un pueblo terrenal, étnicamente distinto, es decir Israel, y éstas se cumplirán en una forma terrenal solamente  durante la dispensación del reino que sigue a la presente dispensación del evangelio.

La Visión Reformada Tradicional: Un Solo Pueblo de Dios

Contrario a la limitación clara del dispensacionalismo entre los dos pueblos de Dios, Israel y la iglesia, la teología reformada histórica insiste en la unidad del programa redentivo de Dios a través de la historia. Cuando Adán, la cabeza del pacto y representante de la raza humana, cayó en pecado, todos los seres humanos como su posteridad se volvieron culpables de condenación y muerte (Rom 5:12-21). Por virtud del pecado de Adan y sus implicaciones para toda la raza humana, todas las personas se volvieron objeto de maldición de la ley y herederos de una naturaleza pecaminosa.

De acuerdo a la interpretación reformada tradicional de las Escrituras, Dios inició el pacto de gracia luego de la caída para restaurar a Su pueblo escogido a la comunión y al compañerismo con Él. Mientras que el pacto de gracia es administrado diversamente a través del curso de la historia de la redención, permanece siendo uno en sustancia desde el tiempo de su ratificación formal con Abraham hasta la venida de Cristo en el cumplimiento de los tiempos. En todas las diferentes administraciones del pacto de gracia, Dios redime a Su pueblo a través de la fe en Cristo Jesús, el único Mediador del pacto de gracia, a través de quien los creyentes reciben el don de la vida eterna y la comunión restaurada con el Dios viviente (vea Teología Sistemática, Berkhof, pp 293-295).

En el entendimiento reformado de la historia de la redención, por lo tanto, no hay separación final entre Israel y la iglesia. La promesa que Dios hizo a Abraham en la ratificación formal del pacto de gracia (Gen. 12; 15;17), a saber, que él sería el padre de muchas naciones y que en su “simiente” todas las familias de la tierra serían benditas, encuentra su cumplimiento en Cristo Jesús. La simiente prometida a Abraham en el pacto de gracia es Cristo Jesús, el verdadero Israel, y todos  están unidos a Él a través de la fe y, así, son herederos de las promesas del pacto (Gal. 3:16,29). En la visión reformada, el evangelio de Cristo Jesús directamente cumple las promesas del pacto de gracia para todos los creyentes, ya sean judíos o gentiles. Israel y la iglesia no son dos pueblos distintos; en lugar de eso, la iglesia es el verdadero Israel de Dios, “una raza escogida, un real sacerdocio, una nación santa, un pueblo de su posesión” (1 Pedro 2:9).

Teología de los “Dos Pactos”

En la historia reciente de la reflexión acerca del tema de Israel y la iglesia, una nueva y más radical posición se ha levantado. Muy comúnmente ligada al nombre Franz Rosenzweig, un autor judío de la obra escrita recientemente luego de la Primera Guerra Mundial titulada “La Estrella de la Redención,” la teología de los dos pactos enseña que hay dos pactos separados, uno entre Dios e Israel y otro entre Dios y la iglesia de Cristo Jesús. En lugar de que haya una sola vía de redención a través de la fe en Cristo Jesús para el judío y los gentiles por igual, la relación de pacto original de Dios con Su pueblo ancestral, Israel, permanece separado de Su nueva relación de pacto con las naciones gentiles a través del Señor Jesús.

Dentro del escenario de una post- Segunda Guerra Mundial, la preocupación acerca del legado del anti-semitismo en la iglesia cristiana, la posición de la teología de los dos pactos se ha vuelto muy popular dentro de las principales iglesias protestantes. Incluso dentro de la Iglesia Católico Romana, algunos teólogos han apelado a los pronunciamientos del Segundo Concilio Vaticano y al Redemptoris Missio (1991) del Papa Juan Pablo II, el cual aboga por un diálogo entre los cristianos y judíos, para oponerse a los esfuerzos continuos de evangelizar judíos. En la visión de los dos pactos, la confesión cristiana con respecto a la obra y persona de Cristo como el único Mediador o Redentor se sostiene como verdadero solamente dentro de los límites del pacto de Dios con la iglesia. Sin embargo, ya que el pacto de Dios con Israel es un pacto separado, el cual no es cumplido en la venida de Jesús en el cumplimiento del tiempo, los cristianos no deben imponer sobre Israel los términos del pacto de Dios con la iglesia.

Teología del Reemplazo Extrema

La posición final en este tema de Israel y la iglesia que requiere comentarse es la que podemos llamar “teología del reemplazo extrema.” Mientras que los dispensacionalistas comúnmente insisten que la afirmación tradicional de un pueblo de Dios comprendiendo judíos y gentiles como creyentes en Cristo es una forma de teología de “reemplazo”, la visión reformada no trata el evangelio como “reemplazo” de la antigua economía pactual con Israel sino la “cumple”. La teología del reemplazo extremo es la enseñanza que, debido a que muchos de los judíos no reconocieron a Jesús como el Mesías de la promesa, Dios reemplazó a Israel con la iglesia gentil. El evangelio de Cristo llama a todas las naciones y pueblos a la fe y arrepentimiento, pero no deja lugar por un enfoque particular en el propósito redentivo de Dios para Su pueblo ancestral Israel. Debido a que la iglesia es la verdadera y espiritual Israel, cualquier enfoque particular acerca de la cuestión de la intención salvadora de Dios para Israel ya no es permitida.

Esta posición representa el fin opuesto del espectro de la posición de los dos pactos. En lugar de hablar de una relación de pacto distinta entre Dios e Israel que continúa incluso luego de la venida de Cristo y la proclamación del evangelio a las naciones, la teología del reemplazo extrema mantiene que el programa y el interés de Dios para Israel ha terminado.

Conclusión

La diversidad entre estas varias posiciones en el tema de Israel y la iglesia testifica de la importancia del tema. ¿Acaso tiene Dios un propósito y un programa redentivo separados para Israel y la iglesia? P, el evangelio de Cristo Jesús cumple el propósito de Dios de reunir a la gente de cada pueblo, lengua y nación, judíos y gentiles por igual, en una sola familia? Cuando el Apóstol Pablo declara en Romanos 1 que el evangelio es “el poder de Dios para salvación de todos los que creen, al judío primeramente y también al gentil” (Rom. 1:16), él declara que hay una vía de salvación para todos los que creen en Cristo. Sin embargo simultáneamente afirma que esta salvación no reemplaza o hace a un lado el propósito redentivo para judíos, sino que, en lugar de eso, lo cumple. El debate acerca de Israel y la iglesia necesita mantener el balance del Apóstol, sin separar a Israel y a la iglesia, ni tampoco desplazando a Israel con la iglesia.

Traducido de: Ligonier Ministries “The Church and Israel: The Issue”, Copyright 2017 by Cornelis Venema, Ligonier Ministries (http://www.ligonier.org).

La Crucifixión y la Profecía del Antiguo Testamento

por R. C. Sproul

Si vemos lo escabroso del drama de los eventos de la crucifixión de Jesús, veremos que algunas cosas asombrosas tomaron lugar de manera que los enunciados proféticos del Antiguo Testamento fueron cumplidos incluso hasta los más mínimos detalles. En primera instancia, el Antiguo Testamento dijo que el Mesías sería entregado a los gentiles (“perros” o “congregación de los malvados”) para juicio (Sal. 22:16). Sucedió que en el curso de la historia, que Jesús fue enjuiciado durante el tiempo de la ocupación Romana de Palestina. Los Romanos permitían a sus vasallos que cierta autoridad se les confiriera a sus gobernantes nativos, pero ellos no permitían que la pena de muerte fuera impuesta por los gobernantes locales, de manera que los Judíos no tenían  la autoridad para matar a Cristo. La única cosa que ellos podían hacer era reunir el concilio y llevar a Jesús a Poncio Pilato, el gobernador Romano, pidiéndole que lleve a cabo la ejecución. De esta manera Jesús fue entregado por Su propia gente a los Gentiles – aquellos que se encontraban “fuera del campamento.” Él fue entregado en las manos de paganos que vivían fuera de la arena sobre la cual el rostro de Dios se mostró, fuera del círculo de luz de Su semblante.

Segundo, el sitio de la ejecución de Jesús fue fuera de Jerusalén. Una vez que fue juzgado por los Gentiles y condenado a la ejecución, fue llevado fuera de la fortaleza, en la Vía Dolorosa y fuera de las murallas de la ciudad. Justo como el chivo expiatorio era llevado fuera del campo, Jesús fue llevado fuera de Zion, fuera de la santa ciudad donde la presencia de Dios estaba concentrada. Él fue enviado a las oscuridades de afuera.

Tercero, mientras que los Judíos realizaban sus ejecuciones por apedreamiento, los Romanos lo hacían por medio de la crucifixión. Eso determinó el método de la muerte de Jesús: Él colgaría de un árbol – una cruz hecha de madera. La Biblia no dice, “Maldito todo aquél que es apedreado.” Dice, “Maldito todo aquél que cuelga de un madero.”

Cuarto, cuando Jesús fue puesto en la cruz, hubo una perturbación astronómica. En el medio de la tarde, se volvió oscuro. La oscuridad descendió a la tierra. Por algún método, quizá por un eclipse, el sol fue oscurecido. Fue como si Dios hubiera velado la luz de Su rostro.

En el medio de la intensidad de la oscuridad, Jesús clamó, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Este fue uno de los enunciados más sorprendentes que vino de los labios de Jesús mientras se encontraba en la cruz, y han existido varias interpretaciones de ello. Albert Schwitzer al mirar este clamor dijo que era la prueba positiva de que Jesús murió en desilusión. De acuerdo a Schweitzer, Jesús tenía esperanza de que Dios le libraría, pero Dios le dejó en los momentos finales, de manera que Jesús murió desilusionado, como un héroe trágico de Shakespeare. Otros han notado que estas palabras encuentran su eco en el Salmo 22, y concluyen que Jesús se estaba identificando con el Siervo Sufriente del Salmo 22 y estaba recitando poesía en Su muerte. Pero esto pierde todas las indicaciones – los ejecutores de Jesús, el lugar de Su ejecución, la forma de ejecución, la oscuridad que cayó – que claramente nos dicen que Jesús clamó a Su Padre porque Él en verdad había sido abandonado.

La señal del antiguo pacto era la circuncisión. Este corte de la piel tenía dos significados, uno positivo y otro negativo, correspondiente con dos sanciones. Del lado positivo, el cortar la piel simbolizaba que Dios estaba cortando a un grupo de gente del resto, separándoles, poniéndoles aparte para ser una nación santa. El aspecto negativo era que el Judío que pasaba por la circulación estaba diciendo, “Oh, Dios, si yo fallo en guardar cada uno de los términos de este pacto, que sea cortado de Ti, cortado de Tu presencia, cortado de la luz de Tu rostro, cortado de Tu bendición, tal como ahora ritualmente he cortado la piel de mi carne.”

La cruz fue la suprema circuncisión. Cuando Jesús tomó la maldición sobre sí mismo y así identificó nuestro pecado de forma que Él se volvió maldición, Dios le apartó, y justamente. En el momento cuando Cristo tomó el pecado del mundo, Su figura en la cruz fue la más grotesca, la más obscena masa de pecado concentrado en la historia del mundo. Dios es santo para mirar la iniquidad, de manera que cuando Cristo colgó de la cruz, el Padre, le volvió las espaldas. Él viró Su rostro y cortó a Su Hijo. Jesús, quién, tocante a Su naturaleza humana, había estado en perfecta, y bendita relación con Dios a través de todo Su ministerio, ahora llevaba el pecado del pueblo de Dios, y de esta forma fue abandonado por Dios.

Imagine lo agonizante que fue eso para Cristo. Tomás Aquino argumentó que a través de Su ministerio terrenal, Jesús se mantuvo en un constante estado de íntima comunión con Su Padre. Aquino especulo que la Visión Beatífica, la visión de la gloria desvelada de Dios, era algo que Jesús había disfrutado cada minuto de Su vida hasta el momento de la cruz, cuando la luz fue apagada. El mundo fue hundido en oscuridad, y Cristo fue expuesto a la maldición de la ira de Dios. El experimentar la maldición, de acuerdo a las categorías Judías, era experimentar lo que significa ser abandonado.

He escuchado sermones acerca de los clavos y las espinas. Informando que la agonía física de la crucifixión es una cosa espantosa. Pero miles de personas han muerto en cruces, y otros han tenido incluso mucho más dolor, experimentando muertes más atroces que eso. Pero solamente Uno recibió la completa medida de la maldición de Dios mientras estaba en la cruz. Debido a eso, me pregunto si Jesús notó alguna vez los clavos y las espinas. Él estaba absorto por la oscuridad externa. en la cruz, Él estaba en el infierno, totalmente despegado de la gracia y la presencia de Dios, totalmente separado de toda bendición del Padre. Él se volvió maldición por nosotros de manera que un día seamos capaces de ver el rostro de Dios. Dios dio las espaldas a Su Hijo para que la luz de Su rostro pueda caer sobre nosotros. No es de maravillarse que Jesús haya gritado desde las profundidades de Su alma.

Finalmente, Jesús dijo, “Está consumado!” (Juan 19:30b). ¿Qué estaba consumado? ¿Su vida? ¿El dolor de los clavos? No. Las luces se habían vuelto a encender; el rostro de Dios había vuelto. De forma que Jesús pudo decir, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46b).

La dura realidad es ésta: si Jesús no era olvidado en la cruz, nosotros aún estaríamos en nuestros pecados. No tendríamos redención, ni salvación. Todo el punto de la cruz era que Jesús llevara nuestros pecados y llevara los castigos del pacto. Para hacer eso, Él tenía que ser olvidado. Jesús se sometió a la voluntad del Padre y soportó la maldición, para que nosotros, Su pueblo, podamos experimentar la mayor bendición.

Traducido de: Ligonier Ministries “The Crucifixion and Old Testament Prophecy”, Copyright 2017 by R. C. Sproul, Ligonier Ministries (http://www.ligonier.org).

¿Apoya la Biblia la Catequesis?

por Timothy J. Keller

Esta es una adaptación de la introducción al “Al Devocional Catecismo de la Nueva Ciudad” por Timothy J. Keller.

Compartiendo los dones de Dios

En su carta a los Gálatas Pablo escribe: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.” (Gal. 6:6). La palabra griega para “el que es enseñado” es katechoumenos, es decir: aquél que es catequizado. En otras palabras, Pablo está hablando acerca del cuerpo de doctrina cristiana (catecismo) que era enseñado por un instructor (de aquí la palabra catequista).

Las palabras “toda cosa buena” probablemente también significaba apoyo financiero. A la luz de esto, la palabra koinoneo – que significa “compartir” o “tener compañerismo” – se vuelve incluso más rica. El salario de un maestro cristiano no debe ser visto como un pago simplemente, sino como “compañerismo.” La catequesis no es un servicio más por el que se debe pagar, sino que es un rico compañerismo y mutuo compartir de los dones de Dios.

Si nosotros volvemos a practicar esto en nuestras iglesias, encontraremos nuevamente la Palabra de Dios “morando en nosotros abundantemente” (vea Col. 3:16), debido a que la práctica de la catequesis lleva la verdad a lo profundo de nuestros corazones, de manera que podamos pensar en categorías bíblicas tan rápido como razonamos.

Un ejemplo personal

Cuando mi hijo Jonathan era un niño pequeño, mi esposa Kathy, y yo empezamos a enseñarle el catecismo infantil. Al principio trabajamos solamente en las tres primeras preguntas:

Pregunta 1. ¿Quién te hizo?

Respuesta. Dios

Pregunta 2. ¿Qué mas hizo Dios?

Respuesta. Dios hizo todas las cosas

Pregunta 3. ¿Porqué te hizo Dios y a todas las cosas?

Respuesta. Para su propia gloria.

 

Un día Kathy dejó a Jonathan con la niñera. En cierto momento la niñera descubrió a Jonathan viendo hacia afuera por la ventana. “¿En qué estás pensando?” le preguntó. “Dios,” dijo él. Sorprendida, ella respondió, “¿Qué piensas acerca de Dios?” Él la miró y respondió, “En cómo Él hizo todas las cosas para su propia gloria.” ¡Ella pensó que tenía a un gigante espiritual en sus manos! ¡Un pequeño niño mirando por la ventana, contemplando la gloria de Dios en la creación!

Lo que realmente había sucedido, obviamente, fue que la pregunta había disparado la relación “pregunta/respuesta” en él. Él respondió con el catecismo. Ciertamente él no tenía la más mínima idea de lo que “la gloria de Dios” significa. Pero el concepto estaba en su mente y corazón, esperando ser conectada con nuevas ideas, enseñanzas y experiencias.

Combustible para el fuego

El teólogo de Princeton Archibald Alexander dijo que tal instrucción, es como madera en una fogata. Sin el fuego -el Espíritu de Dios- la madera no producirá en sí misma una flama. Pero sin el combustible tampoco puede haber fuego, y eso es lo que la instrucción catequética es.

Usted puede encontrar la entrada original en inglés en la siguiente dirección: https://www.crossway.org/blog/2017/04/how-the-bible-supports-catechesis/

 

 

El Día del Señor

por Archibald Alexander

Extracto del libro “Un Breve Compendio de Verdad Bíblica” (1846) de Archibald Alexander.

La razón nos enseña que hay un Dios, y que debe ser adorado. Si el hombre hubiera permanecido en su estado primario de integridad, la adoración social hubiera sido un deber obligatorio. Pero es evidente que la adoración continua, siendo un hecho realizado en el cielo; no hubiera sido requerido del hombre mientras se encuentra en la tierra. Sabemos, por medio de la revelación expresa, que a él (al hombre) se le dieron los deberes de cuidar el jardín del Edén, y adornarlo; y esto debería requerir mucha atención, y vigoroso esfuerzo. Él también fue constituido como señor de los animales inferiores; y el ejercicio de su dominio necesariamente ocuparía una porción de su tiempo y atención. Para poder realizar su deber primario de adorar a su Creador en una manera que sea apropiada, él debió tener una porción de su tiempo separada para ese servicio.

La adoración del gran Creador requiere tiempo para la contemplación de sus atributos, como se revelan en sus gloriosas obras. Requiere tiempo, también, el reconocer todas las manifestaciones de sabiduría y bondad en las administraciones de su Providencia, y el dar expresiones audibles a los sentimientos de gratitud por los beneficios recibidos, y por la felicidad investida. Sin duda, los sentimientos devocionales eran habituales en los corazones de nuestros primeros padres. Sin duda, ellos formalmente, realizaban sus oraciones de la mañana y de la tarde; pero se necesita mucho más tiempo para quitar los pensamientos de las cosas visibles, y concentrarse en el gran Dador invisible. Los pequeños plazos de tiempo no son suficientes para realizar el más noble de todos los deberes de una manera apropiada. Todo un día, en ciertos periodos, era necesario, de manera que pueda existir tiempo para la contemplación de las cosas divinas, y para el ejercicio devocional total y libre. Y, debido a que el hombre es un ser social, y constituido de esa manera, por medio de esa unidad, habría de juntarse con otros que tienen la misma visión y sentimientos, su propia simpatía es mostrada de una forma más animada y placentera, y es evidente que fue la intención que la humanidad adorara y alabara a Dios en general y en público, como también de una forma individual y privada. La proporción de tiempo que debería ser dedicada a este servicio, no podía ser determinada por la mente del hombre. Si esta obligación de separar la correcta proporción de tiempo hubiera sido dejada libre por la ley de Dios, este mandato no habría sido tan importante y sagrado, como por el hecho de que el Todopoderoso Creador designó el día  el cual se emplearía para este servicio. ¡Y contemplemos la maravillosa condescendencia de Dios! En vista de esto mismo, le plació a Él, el realizar la obra de la creación en seis días, y descansar el séptimo; colocando de esta manera el ejemplo a su criatura el hombre; porque Él no solamente descansó en el séptimo día, sino que lo santificó; esto es, lo separó para un uso santo — para ser empleado, no en las labores corporales o para comunicarse con el mundo, sino para ocuparlo en la contemplación de las obras y los atributos de Dios, y en deleitarse en la comunión con su Hacedor. Dios podría haber mandado a que el mundo existiera, con todas sus especies de criaturas vivientes, en un solo instante; pero, debido al hombre, Él creó los cielos, y la tierra, y el mar, la luz, el aire, vegetales, y animales, en seis días sucesivos, y entonces cesó de su obra; no que el Todopoderoso estuviera cansado y necesitase reposo; sino para el propósito de enseñar al hombre que mientras que él puede emplear seis días en las labores mundanales, él también, debe descansar en el séptimo día. Este día, desde el inicio, fue un día santo.

Es interesante encontrar hombres educados tratando de probar que ningún día fue santificado en el principio; sino que ellos dicen que Moisés lo menciona en la historia de la creación, como una forma de anticipación. Pero esta es una construcción tan inusual y forzada. Cuando el cuarto mandamiento fue proclamado desde el Sinaí, y escrito por el dedo de Dios en una de las tablas de piedra; la razón que se nos da para santificar el Sabbath es que, “en seis días creó Dios los cielos y la tierra, y el mar, y todo lo que hay en ellos, y descansó en el Sabbath, y lo bendijo.” Cuando el Día de reposo es mencionado por primera vez por Moisés, luego del éxodo, no existe la impresión de que esto sea una nueva institución; sino que se refiere como el día que se acostumbraban a guardar; o, al menos, como uno en el cual no era permitido realizar las labores comunes de la semana. La mención de ello ocurre en el relato de la caída del mana. Se dice que, en el sexto día, ellos reunían el doble que los otros días. “Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.” Ex. 16:23. Evidentemente, este mandamiento no es parte de la ley ceremonial, la cual aún no había sido dada. Parece ser muy claro, que la referencia es al día de reposo, del cual la gente tenía al menos cierto entendimiento.

El argumento decisivo para la obligación perpetua del Día de reposo es el cuarto mandamiento. Los diez mandamientos, siendo de naturaleza moral, y por lo tanto, siempre obligatorios, fueron promulgados en una forma muy diferente de otras leyes a Moisés. Ellos fueron escuchados primero en una voz de trueno, del medio del fuego en el Sinaí, y fueron entonces inscritos por el dedo de Dios en las dos tablas de piedra. Ahora, es admitido, que todos los otros preceptos del Decálogo son morales; y, ¿no sería algo extraño que una ley temporal y ceremonial sea insertada en medio de estos preceptos morales? Esta es la ley que Cristo dice que no vino a destruir, sino a cumplir. Ninguno de estos mandamientos han sido abrogados; y por lo tanto, el cuarto mandamiento, tal como los otros, permanecen en total actualidad. Y es maravilloso que los profetas, al denunciar los pecados del pueblo, siempre mencionan la violación del Día de reposo de la misma manera que con la transgresión de los preceptos morales.

Parecería una maldición para los lectores del Nuevo Testamento, que nuestro Señor abrogara el Día de reposo, y en su propia conducta lo desprecien. Pero esto está lejos de ser el punto de vista correcta de este hecho. Los fariseos insistían en tal observación rígida en el día de reposo, de manera que prohibían obras de real necesidad y misericordia. Esta opinión supersticiosa y escrupulosa, fue denunciada por nuestro Salvador, y mostró, que sanar a los enfermos, y satisfacer a los hambrientos, eran cosas que se podían hacer en el Día de reposo. Y lo que nos muestra que este es el punto de vista correcto de este tema es, que nuestro Señor justifica su conducta por la práctica de los santos en los tiempos antiguos, cuando el Sabbath se encontraba en toda su plenitud por medio del reconocimiento de todos, y por las provisiones de la ley levítica, la cual requería que los sacerdotes realizaran una doble labor en el Sabbath. Y Él, además, mostró, que las acusaciones en su contra, acerca de violación del Sabbath, eran hipócritas; porque, las mismas personas que hacían tales acusaciones, sacarían a un burro o a una oveja de una zanja en la que habían caído, en el Día de reposo; y también, porque ellos pensaban que no era una violación del Sabbath, el llevar a un asno o un buey a beber agua, pero sí objetaban que los discípulos satisficieran su hambre en ese día.

Una de sus expresiones ha sido evidentemente mal entendida por algunos intérpretes. Es aquella donde Él dice que, “el Hijo del Hombre es Señor incluso del Sábado.” Ellos han interpretado que Cristo afirmó el derecho de hacer esas cosas en el Sábado, las cuales no serían permitidas de hacer en ese día. Pero este no puede ser el significado, porque Cristo nació bajo la ley, y se limitó a sí mismo para obedecerla. Él no vino a destruir la ley, sino a cumplirla. Una ruptura del cuarto mandamiento hubiese sido pecaminoso por su parte, tanto como una ruptura de cualquier otro mandamiento. Lo que yo entiendo es que, tal como Él mismo apartó y mandó el Sábado, de igual manera, Él es quien sabe cómo interpretarlo de la mejor forma.

Existe un texto en la epístola de Pablo a los Romanos, la cual se ha usado para enseñar que es indiferente si guardamos el Sábado o no — “Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir.” Pero, evidentemente, la cuestión que aquí se discute se relaciona a la ley ceremonial. No se relaciona al Sabbath; el cual, como hemos visto, no era parte de la ley ceremonial, sino que pertenecía al código moral. La ley ceremonial fue virtualmente abrogada por la muerte de Cristo; pero todos los cristianos no estaban aún iluminados para entender su libertad cristiana; y tales eran disculpados en su continua observancia de estos ritos. El apóstol está tratando aquí los temas de carnes y bebidas en los días festivos, la obligación a los cuales ha cesado.

Pero en la epístola a los Colosenses, Pablo dice, “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” Aquí, nuevamente, la ley ceremonial es obviamente el objeto del discurso. Él está hablando de “carnes,” “bebidas,” “nuevas lunas,” y “días de reposo.” Y la palabra sábados (días de reposo) se relaciona a los numerosos sábados de la ley ceremonial, distintos del Sabbath semanal. Siempre que un festival de la ley continuaba por ocho días, el primero y el último días siempre eran guardados como sábados. Otra referencia puede ser al año sabático, porque la palabra días no se encuentra en el original.

Pero, si suponemos que la intención era el Sábado semanal, el significado sería que el Sábado judío, es decir, el séptimo día de la semana, ya no era obligatorio para los cristianos, ya que ellos, por medio de la dirección divina, han adoptado el primer día como su día de sagrado reposo y para reunirse públicamente para la adoración de Dios. Esto nos lleva a la pregunta; ¿qué evidencia tenemos que tal cambio fue hecho por medio de la autoridad divina? La práctica uniforme de los cristianos, de reunirse en el primer día de la semana, desde el tiempo de la resurrección de Cristo, es una fuerte evidencia de que este cambio fue introducido por Cristo y los apóstoles. Era importante, que la adoración de Dios por parte de su pueblo, tendría principalmente un respeto por la obra de redención, y entonces debería ser celebrada en el día en el cual se hizo manifiesto que esta obra gloriosa fue completada. Es decir, Cristo resucitado de los muertos siempre se reunió con sus discípulos en este día. Y luego, los apóstoles y la iglesia acostumbraron reunirse en este día, “para partir el pan,” esto es, para celebrar la Cena del Señor. Y cuando el apóstol escribió su primera epístola a los Corintios, ya era una costumbre establecida, no solamente en la iglesia de Corinto, sino en las iglesias de Macedonia y Galicia, de forma que sus contribuciones para los pobres, eran recolectadas en ese día. De la práctica apostólica, nosotros correctamente inferimos la autoridad divina para este cambio. De forma que, generalmente era el primer día de la semana el que se observaba, en conmemoración de la resurrección de Cristo, y por la celebración de la adoración religiosa, que en los tiempos de los apóstoles, había obtenido la importante denominación de: el Día del Señor.

A menos que tengamos un día en particular, separado por la autoridad divina para la adoración de Dios, este importante deber jamás podría ser realizado de una manera edificante; y la adoración pública, en su mayor parte, caería en desuso. Y, si cierto día llegaría a ser aceptado entre la iglesia, o el gobierno civil, de todas formas necesitaría esa autoridad y santidad que son necesarias para su observancia general. Aún así, encontramos muy difícil que los hombres se alejen de sus cuidados terrenales y planes en este día. Por lo tanto, fue muy sabiamente colocado entre los preceptos de la ley moral.

Este capítulo concluirá con unas pocas directrices para la observancia del Día del Señor.

  1. Que el día completo sea dedicado al servicio de Dios, especialmente en actos de adoración, pública y privada. Este receso semanal de los cuidados terrenales, permite una preciosa oportunidad para el estudio de la Palabra de Dios, y para la examinación de nuestros corazones. Levántese temprano, y deje que sus primeros pensamientos y aspiraciones se dirijan al cielo. Medite mucho y profundamente en las cosas divinas, y haga un esfuerzo para adquirir un grado de espiritualidad en este día, que habitará con usted el resto de la semana.
  2. Considere el Día del Señor como un honor y deleite. Deje que su corazón se eleve en un santo gozo y que sus labios sean empleados para las altas alabanzas a Dios. Este día se asemeja más al cielo, que cualquier otra porción de nuestro tiempo; y nosotros nos debemos esforzar para imitar la adoración celestial, de acuerdo con la petición de la oración del Señor — “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.” Nunca permita que la idea entre a su mente, de que el Sabbath es una carga. Es un triste caso, cuando los cristianos sienten esto de su sagrado reposo, y dicen, tal como algunos antiguos, “cuándo acabará el reposo, para que podamos vender maíz, y extendamos el trigo?” Conforme usted mejora en este día, probablemente también será prosperado en toda la semana.
  3. Evite la rigurosidad, y los escrúpulos farisáicos, ya que nada se muestra más odioso al Día del Señor. Sin embargo, tenga en cuenta el gran fin de este mandado; y recuerde que el Sabbath fue instituido para el beneficio del hombre, y no para ser un yugo. El cesar los negocios mundanales y las labores no es por nuestro bien, como si hubiera algo moralmente bueno en reposar, sino que somos llamados fuera de las carreras seculares en este día, para que nosotros tengamos una porción de tiempo para dedicarnos sin interrupciones a la adoración a Dios. Deje todo listo en su casa, de antemano, de manera que no puedan existir interrupciones a sus deberes religiosos, y para que pueda asistir a los medios de gracia. Como el divino conocimiento es la más rica adquisición a nuestro alcance, y este conocimiento debe ser encontrado en la Palabra de Dios, valoremos este día, permitiendo a todas las personas una oportunidad para escuchar y leer la Palabra. Y, como el cuarto mandamiento requiere que las cabezas de familia causen la observancia del Sábado por todo bajo su control, o dentro de sus puertas, es muy importante que se hagan preparativos domésticos y culinarios, para que nadie sea privado de la oportunidad de asistir a la Palabra y adoración de Dios que este día permite. Si poseemos una medida de un verdadero espíritu devocional, este día sagrado será bienvenido en nuestros corazones; y nos regocijaremos cuando digamos, “Vamos a la casa del Señor.” Para tal alma, la oportunidad de disfrutar de una comunión espiritual con Dios será más valiosa que todo, y estimada como uno de los más ricos privilegios que las criaturas pueden disfrutar en la tierra.
  4. Mientras que usted conscientemente sigue su propio sentido del deber en guardar el resto del Día del Señor, por favor, no juzgue a todos aquellos que difieren de usted con respecto a ciertas particularidades, las cuales no se prescriben o son mandadas en la Palabra de Dios. Tenga cuidado de disculparse a usted mismo en cualquier práctica que pueda tener el efecto de llevar a otros a tratar ligeramente el descanso y la santidad del Día del Señor. No permita que nuestra libertad en el sentido a lo que usted piensa, sea una piedra de tropiezo para causar ofensa en los hermanos débiles, o causarles dolores innecesarios, o llevarles a tener una opinión no favorable de nuestra piedad.
  5. Sin duda alguna, la celebración de la adoración pública y el ganar instrucción de los oráculos divinos, es el principal objetivo de la institución del Sábado cristiano, por lo tanto que todos asistan a los servicios en el santuario en este día. Y permita que los corazones estén preparados por medio de oraciones y meditaciones previas a la participación en la adoración pública, y en la más inmediata presencia de la Divina Majestad, permita que todas las personas teman delante de Él, y con reverencia adoren y alaben su santo nombre. Todas las vanidades, chismes, y pereza, sean eliminadas de la casa de Dios. Que cada corazón sea levantado al entrar al santuario, y que los pensamientos sean cuidadosamente restringidos de perderse en objetos mundanales o locuras. Que el amor fraternal sea festejado, cuando se unen con otros en adoración a Dios. Los corazones de la iglesia deben estar unidos en adoración, como el corazón de un solo hombre. De esta forma, la adoración acá abajo, será una preparación para una adoración más pura y sublime en el templo celestial.

La Religión del Secularismo

por Burk Parsons

“En Dios confiamos” oficialmente se volvió la frase de los Estados Unidos en 1956 cuando el Presidente Dwight D. Eisenhower lo hizo ley. Originalmente implementado para distinguir a los Estados Unidos de la Unión Soviética y su explícito estado ateísta, la frase ha continuado hasta nuestros días. Como muchas frases, sin embargo, ésta se ha vuelto desafortunadamente más una frase repetida para muchos estadounidenses que una declaración de verdadera fe en el único Dios de las Escrituras.

Es en verdad nuestra esperanza que nuestra nación – y cada nación – genuinamente confíen en Dios. Aunque muchas personas claman confiar en Dios, ellos actúan como si Él no tuviera ninguna autoridad sobre nuestras vidas. Ellos son una autoridad en sí mismos, y el fundamento para su auto sustentada autoridad es tan inestable como las emociones de sus siempre cambiantes de sus corazones. Ya sea que lo sepan o no, ellos han sucumbido al secularismo, que inician en el corazón y terminan en la muerte. El secularismo es la creencia que el hombre no necesita a Dios o la ley de Dios en los temas sociales, gubernamentales, educacionales o económicos del hombre. Irónicamente, el secularismo rechaza la religión, y sin embargo es en sí misma una religión. En estos Estados Unidos de América, muchos de nuestros políticos, cortes, escuelas, negocios abrazan y promueven la religión del secularismo bajo la libertad rúbrica de la religión y por el avance de la autonomía humana, el cual inevitablemente lleva a la anarquía.

Ya es lo suficientemente malo que el secularismo sea un problema creciente en nuestra cultura, y sin embargo es aún peor que esté haciendo caminos en la iglesia. La adoración es comúnmente formada por las necesidades y requerimientos de la gente secularizada. Muchos pastores no predicarán acerca del infierno por miedo a asustar a la gente. Algunos de nuestros líderes religiosos más populares hacen poco más que tomar mensajes de auto ayuda y vestirlos con una capa de cristianismo. Incluso algunos predicadores han adoptado las enseñanzas del secularismo de que nosotros definimos nuestra propia realidad. Así, ellos son felices de definir, género, matrimonio, y una gran cantidad de otras instituciones y normas reveladas de forma divina.

El secularismo no es solamente un problema en la cultura, es algo que debemos luchar en nuestros corazones, casas e iglesias. Somos muy fácilmente tentados a olvidar a Dios y a evitar conflictos con el mundo. A veces parece más fácil vivir como si Dios realmente no estuviera ahí, e ir en nuestros días de vida sin reflexionar en Su autoridad y que estamos llamados para vivir una vida coram Deo, delante de Su rostro. Pero si nosotros le olvidamos, olvidaremos quiénes somos. Somos Su pueblo, y estamos llamados a permanecer firmes en contra de la oscuridad del secularismo, declarando a nuestros corazones, hogares, iglesias y nuestra nación que el Señor Dios Todopoderoso tiene autoridad sobre todo y que, inquebrantablemente, confiamos en Dios.

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